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EDITORIAL

“CERRADO POR FÚTBOL”

 

Así se titula el libro póstumo de Eduardo Galeano, publicado en 2017, actualizado por un periodista español, cuando el fervor deportivo concentra nuevamente las miradas y las emociones de todo el mundo en los estadios, los aeropuertos y las pantallas.

Galeano es también el autor de Las venas abiertas de América Latina. Cualquiera de sus títulos y contenidos, podrían enmarcar este editorial; sus ideas sociales, las pasiones, las guerras y los abrazos que él exalta; pero nos dejaremos llevar por el empuje significante de Cerrado por fútbol, que alude al mundial en el que el autor colgó esta advertencia en su puerta y, cerveza en mano, se sentó a jugar desde su sillón, sesenta y cuatro partidos.

Los Editoriales precedentes nos han recordado las condiciones actuales del mundo y del país, incluyendo una nueva ley (en Francia) que excluye al psicoanálisis de ciertas intervenciones clínicas. En Ecuador no ha sido necesaria esta ley escrita para marginar al psicoanálisis como el cisne negro que tendría que buscar sus propias aguas. Desde los años 80, los psicólogos clínicos con formación psicoanalítica salidos de una universidad, fueron juzgados como chamanes no científicos por los académicos de la reflexología de otra universidad, cerrando para ellos las puertas del reconocimiento como clínicos. Cada cierto tiempo se agitan las consignas de acabar con el psicoanálisis en la Universidad, y más allá.

El psicoanálisis no ha sido, no es, ni será bienvenido, menos convocado a los campos en los que la salud es la bandera de una ciencia difusa. Su discurso y su objeto no encajan, es recibido más bien como amenazante y subversivo, por asumir la posición de aliado de una verdad que, en muchos ámbitos, se prefiere ignorar o acallar.

Podría bastarnos lo que dice Jacques Lacan en noviembre de 1977 al inicio de su Seminario El momento de concluir: “Quiero decirles que al psicoanálisis hay que tomarlo en serio, aunque no sea una ciencia. No es una ciencia en absoluto. Es una práctica que durará lo que tenga que durar, es una práctica de la palabra.”

Es a los psicoanalistas a quienes se dirige Lacan, es a ellos a quienes, diez años antes en Roma, también les dice que tienen que estar a la altura… y saber mantenerse en el borde. A la altura de su apuesta por el sujeto. Y lo del borde, condición igual de compleja entre su clínica y el entorno social que no puede serle ajeno. No hay un cartel con la inscripción cerrado por fútbol que pueda ser colgado en un consultorio o en una institución psicoanalítica: cerrado porque nos quieren sacar de la cancha, porque nos rechazan, o porque las cosas se ponen difíciles. O, porque nosotros mismos, entre nosotros, no encontramos formas de hacer valer lo que la palabra porta, aporta y soporta, en las diferencias.

Desafíos exigentes. La clínica psicoanalítica es una enseñanza de la pulsación, de la advertencia a no propiciar que el inconsciente se cierre.

El discurso “oficial” siempre buscará y encontrará formas de cerrar las puertas a la práctica psicoanalítica y aunque con ello se reduzcan sus opciones, ¿podremos admitir que cada psicoanalista lleva algo de responsabilidad en su forma de asumir la transmisión, de hacer efectivo su lugar en cada partido? Sus jugadas no se hacen desde la comodidad del sillón, aunque tenga que servirse de él o, actualmente, de una pantalla.

 

Marlene Aguirre

Agenda 2025

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Literatura, Psiquiatría, Psicoanálisis

Este libro es un ensayo de rigor en la simpleza, un rigor que no le teme a lo banal y que puede permitirse el humor, sin perder lo serio del compromiso con la verdad.

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